Martínez Ares vuelve a mirarse en el espejo del Falla: una comparsa nacida del pulso interior

Martínez Ares vuelve a mirarse en el espejo del Falla: una comparsa nacida del pulso interior

Hay regresos que no responden a una llamada externa, sino a una necesidad íntima. Antonio Martínez Ares vuelve al Concurso con una comparsa que no surge de la urgencia ni del calendario, sino de una idea que llevaba tiempo pidiendo sitio. Los humanos no nace para competir, nace para existir. Y solo después, para enfrentarse al teatro.

Tras un año fuera del foco, el autor regresa con una obra marcada por la dualidad que siempre ha acompañado a su trayectoria: ternura y rabia, clasicismo y riesgo, introspección y grito colectivo. Cuando Martínez Ares vuelve, el Carnaval afina el oído.

🧠 Crear desde la fragilidad y la insistencia

El proceso creativo no ha sido lineal ni cómodo. Ha estado condicionado por la salud, por pausas obligadas y por la necesidad de reencontrarse consigo mismo antes que con el concurso. De ese tiempo nace una comparsa trabajada desde dentro, sin prisa aparente, pero con una exigencia extrema.

La idea llevaba tiempo rondando. Hubo momentos en los que pudo haberse descartado, pero se quedó. Como esas coplas que no te sueltan aunque intentes apartarlas. El autor no la abandonó. Prefirió medirse con ella, día a día, sin saber aún quién ganaría ese pulso.

🎭 Una forma de escribir al límite

Martínez Ares no concibe el Carnaval como un producto cerrado meses antes de subir al escenario. Su método sigue siendo orgánico, casi diario, adaptado al estado de ánimo y a la necesidad expresiva del momento. Eso implica presión, vértigo y trabajo al filo, pero también verdad.

No se trata de seguir la actualidad inmediata ni de perseguir titulares. El motor es otro: evitar el aburrimiento creativo y huir de la repetición automática. La copla se termina cuando ya no hay margen para cambiarla. Y así llega al Falla, aún caliente.

🎶 Una comparsa que mira al ser humano

Los humanos gira en torno a un único personaje, un eje que vertebra todo el repertorio. Desde ahí se construye una comparsa que intenta abarcar luces y sombras, sin caer ni en la complacencia ni en la crueldad gratuita.

El pasodoble vuelve a apoyarse en estructuras reconocibles, pero con un matiz nuevo que lo aleja del mero ejercicio de nostalgia. Los cuplés buscan sonoridades cercanas a la calle y el popurrí se plantea como un relato completo, donde cada pieza tiene sentido dentro del conjunto.

🔄 Cambios que suman, no sustituyen

La ausencia de voces históricas no se vive como una sustitución, sino como una etapa distinta. El grupo se ha reforzado con miradas externas que aportan perspectiva y frescura, integrándose en una dinámica de trabajo ya consolidada.

Ese contraste ha servido también para revisarse, para entender cómo se percibían desde fuera y qué huella habían dejado sus comparsas anteriores en otros competidores. Una autocrítica necesaria para seguir avanzando.

🎯 El foco, la presión y el concurso

El peso del nombre no desaparece con los años. La atención constante, las expectativas y el juicio permanente forman parte del peaje de una trayectoria tan expuesta. No es algo que se lleve con naturalidad, aunque se haya aprendido a convivir con ello.

El concurso vuelve a ser largo, abierto y exigente. El primer premio nunca es una promesa, es una conquista. Y en una modalidad tan viva como la comparsa, nadie regala nada.

🕊️ La copla como herencia

En el fondo de todo sigue estando la raíz. La música como vehículo de emoción y la copla como herencia compartida. En ese legado, el de Paco Alba, Martínez Ares encuentra una referencia permanente: misterio, flamenco y verdad al servicio del Carnaval.

Los humanos no pretende explicar el mundo. Solo cantarlo desde dentro. Y en ese intento, vuelve a demostrar que algunas comparsas no se escriben para ganar… sino para quedarse.

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