El regreso de Arbolí: Mosqueteros de rima fácil y risa escasa

El regreso de Arbolí: Mosqueteros de rima fácil y risa escasa

El cuarteto de Arbolí ha vuelto a pisar las tablas del Gran Teatro Falla tras un largo paréntesis de 13 años con ‘Los tres cuarteteros y un aprendiz porculero’. Con una propuesta que abraza el clasicismo puro de la modalidad, el grupo liderado por Manuel Jesús Gámez se ha presentado con una versión muy gaditana de los personajes de Alejandro Dumas, aunque la espada del ingenio no ha estado lo suficientemente afilada para conquistar al público. ⚔️🎭

🌟 Clasicismo rimado, pero sin puntería

La parodia nos sitúa ante un joven D’Artagnan que, fiel a la herencia cuartetera de su padre, viaja a Cádiz para convencer a Athos, Porthos y Aramis de volver a sacar una agrupación. El grupo apuesta por el esquema tradicional de parodia rimada, un gesto que el aficionado purista siempre agradece pero que, en esta ocasión, se ha quedado huérfano de golpes efectivos. A pesar del esfuerzo literario por mantener la rima (aun «comiéndose bolas de pelo», como ellos mismos dicen), la falta de puntos humorísticos ha provocado demasiados silencios en un patio de butacas que no terminó de conectar con la historia. 🧱🤫

📜 Cuplés: El mejor momento de la guardia

Curiosamente, el bloque de cuplés ha resultado ser lo más refrescante del pase, mostrando una chispa que se echó en falta en la parodia:

  • Primer cuplé: Con un toque de guasa local, cuentan cómo a su jefe le ha tocado el Euromillón y se ha dedicado a comprar pisos por todo Cádiz; la ventaja es que ahora puede aparcar en zona verde en cualquier barrio de la ciudad.
  • Segundo cuplé: Una simpática letra sobre la moda de las abuelas en TikTok. El baile de la protagonista ha tenido tanto éxito… que su responso en el tanatorio será mañana a las tres y media. Un chiste bien rematado que logró arrancar las carcajadas más sonoras de la actuación.

🎶 Un tema libre que no levanta el vuelo

El tema libre (o popurrí) ha seguido la estela de la parodia: una historia estructurada con «cuartetitas variadas» que beben del Carnaval antiguo y de la música de Radiolé. Aunque el trabajo es evidente y el grupo defiende el texto con dignidad, la pieza se ha sentido algo insípida. El único «golpe» destacado fue visual, cuando tras una paliza dejan a D’Artagnan con la cara hecha un cuadro… concretamente un cuadro de Antonio Martín. ✨🎶

Conclusión: Un retorno discreto

‘Los tres cuarteteros y un aprendiz porculero’ firman un regreso digno en las formas pero insuficiente en el fondo cómico. El respeto a la tradición del cuarteto es encomiable, pero para sobrevivir en la selva del COAC 2026 hace falta algo más que rimas: hace falta la «maldad» y el doble sentido que disparen la risa. Arbolí ha vuelto, y eso siempre es una buena noticia, pero sus espadas necesitan mucho más afilado para las próximas batallas. 🏛️🌟

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *