Ecos errantes en el puerto de las dudas: la última cuerda y su travesía vocal
La comparsa de Tarifa ha recalado en las tablas con una propuesta que, bajo el nombre de ‘La última cuerda’, pretende rendir pleitesía a la bohemia de los músicos callejeros. El grupo, que ya sorprendió en la edición anterior, regresa con un empaque vocal envidiable, pero con una partitura que se convierte, por momentos, en su propio enemigo. Es un canto nómada que, pese a su pulcritud sonora, parece haber perdido el norte en la composición de sus pasodobles, dejando una sensación agridulce entre lo que se canta y cómo se cuenta. 🎸
🎼 una arquitectura musical de claroscuros
Lo que sobre el papel parecía una apuesta segura por el lirismo, se transforma en escena en un laberinto de cortes melódicos y giros inesperados. La música del pasodoble no termina de abrazar el mensaje; al contrario, lo interrumpe con estructuras poco naturales que impiden que el espectador termine de paladear el texto. La autoría parece haber buscado una complejidad que el oído no termina de digerir, sacrificando la fluidez necesaria para que la copla cale en el alma del aficionado. Es una lástima, pues el grupo posee una afinación y un equilibrio de voces que ya quisieran para sí conjuntos de mayor trayectoria. 🎤
🏚️ la denuncia social como bandera
En el plano literario, la agrupación ha decidido no andarse por las ramas y atacar problemas de raíz. Su primer dardo ha ido directo al corazón de uno de los grandes males del sur: la turistificación y la crisis de la vivienda. Con una crudeza necesaria, han relatado la imposibilidad de las familias para crecer o la frustración de una juventud que ve cómo sus barrios se transforman en residencias para el foráneo mientras ellos son expulsados. Una letra valiente que encontró su réplica en un segundo pasodoble dedicado a la salud pública, alertando sobre el desmantelamiento de los derechos fundamentales ante el avance de la privatización. 🏥
📉 el desequilibrio entre la potencia y el alma
El tramo final de la actuación ha dejado una evidente sensación de vacío creativo. Los cuplés, aunque intentaron buscar la complicidad del público a través de un humor algo más picante, se quedaron en la superficie de la gracia, resultando previsibles y carentes de ingenio. El popurrí, por su parte, se convirtió en un escaparate del potencial vocal del grupo, pero carente de esa cohesión narrativa que diferencia a una comparsa de nivel de una que simplemente «canta bien». Según declaraciones internas, algunas piezas del repertorio se cerraron en apenas dos semanas, una premura que se traduce en una falta de profundidad y en un mensaje que, por momentos, se vuelve repetitivo. 🌶️
⚖️ luces y sombras de un viaje nómada
- El acierto: La madurez vocal de la agrupación. Suenan a conjunto serio, compacto y con una elegancia en la ejecución que destaca sobre la media de la función. 🔊
- El lastre: La desconexión entre el mensaje crítico y una melodía atropellada. Los cambios de ritmo en el pasodoble deslucen unas letras que merecían un acompañamiento mucho más fluido, emocionante y menos experimental. 🔇
La última cuerda ha demostrado que existe talento de sobra en sus componentes, pero este año la música ha sido el ancla que ha impedido que el barco navegue con el viento a favor. Queda el sabor de una interpretación técnicamente impecable que, sin embargo, se queda a medio camino de la trascendencia por culpa de un envoltorio musical que no le hace justicia. 🌊🎸
