Pepi Mayo, la mujer que vistió de eternidad al Carnaval de Cádiz

Pepi Mayo, la mujer que vistió de eternidad al Carnaval de Cádiz

Cuando Cádiz huele a coplas y el Falla se llena de voces, hay un arte silencioso que sostiene la magia del Carnaval: el de quienes dan forma al tipo. Sin focos, sin aplausos directos, pero imprescindibles. Entre esos nombres que han hecho del Carnaval una fiesta irrepetible destaca el de Pepi Mayo, una creadora que transformó la aguja y el hilo en lenguaje carnavalesco y dejó una huella imborrable en la historia de la fiesta.

El Carnaval no sería el mismo sin sus artesanos. Son ellos quienes convierten una idea en imagen, una letra en personaje y una copla en espectáculo visual. Pepi Mayo, Josefa Mayo Rivera, fue una de esas figuras destinadas a trascender su tiempo, una pionera que entendió el disfraz como una prolongación del ingenio gaditano y como una parte esencial del mensaje que se canta sobre las tablas.

Un talento nacido en la calle
Su relación con el Carnaval comenzó de manera natural, casi inevitable. En los años 60, cuando la fiesta aún se conocía como Fiestas Típicas, empezó a confeccionar disfraces para sus hijas. Aquel gesto doméstico fue el origen de una vocación artística que acabaría marcando época. Desde el primer corte de tela ya se intuía un talento especial, forjado en un entorno donde el carnaval se respiraba a diario: el barrio de El Mentidero y la calle Navas, cuna de coplas y creatividad.

Con el paso del tiempo, su taller se convirtió en un auténtico laboratorio de ideas. Primero en la calle Desamparados y más tarde en Libertad, junto al Mercado de Abastos, Pepi Mayo dio vida a tipos que hoy forman parte del imaginario colectivo del Carnaval de Cádiz. No solo trabajó para agrupaciones del concurso, sino también para cientos de gaditanos que entendían que salir a la calle en carnaval exigía hacerlo con un disfraz a la altura de la fiesta.

Creatividad sin límites ni manuales
Autodidacta y valiente, Pepi Mayo nunca se puso fronteras. Experimentó con materiales, mecanismos y soluciones impensables para la época. Uno de sus primeros disfraces más recordados fue el de holandesa, que incorporaba un pequeño motor para mover las aspas de un molino, toda una revolución artesanal en aquellos años. Antes incluso había sorprendido con un tipo de Miss España, adelantando ya su capacidad para unir estética, humor e ingenio.

Su nombre empezó a circular con fuerza entre las agrupaciones del Falla. Daba igual la modalidad o la trayectoria del grupo: coro, chirigota, comparsa o cuarteto; grandes autores o formaciones modestas. Para Pepi Mayo todos merecían el mismo respeto y la misma entrega. Entre 1975 y 2008, año en el que decidió retirarse, confeccionó más de 200 tipos, una cifra que habla por sí sola de su dimensión artística.

Tipos que ya son historia del Carnaval
Su salto definitivo a la élite llegó en los años 80 con trabajos que hoy son referencia obligada de la artesanía carnavalesca. Disfraces como los del coro ‘Los erizos caleteros’, el cuarteto ‘Los cuatro reyes de la baraja’ o la comparsa ‘Los pintores de Versalles’ marcaron el inicio de una trayectoria brillante en el concurso del Gran Teatro Falla.

A partir de ahí, llegaron creaciones que quedaron grabadas en la retina del aficionado. Especialmente recordado es el tipo de la chirigota del Sheriff ‘Las madrinas’ (1988), con el que Pepi Mayo conquistó la Aguja de Oro, uno de los mayores reconocimientos a la artesanía del Carnaval. Su inspiración no conocía límites: cualquier detalle cotidiano, incluso los langostinos de una pescadería, podía convertirse en punto de partida para un disfraz.

Más allá del taller, un legado eterno ❤️
Cercana, querida y orgullosa defensora del Carnaval, Pepi Mayo fue también Hija Predilecta de Cádiz, una distinción que resume el cariño de una ciudad hacia quien tanto le dio. Su trabajo ayudó a dignificar una profesión muchas veces invisible y sirvió de inspiración para nuevas generaciones de artesanos que encontraron en ella un referente y un camino a seguir.

Aunque ya no esté físicamente, Pepi Mayo sigue presente cada febrero, en cada tipo bien rematado, en cada disfraz que entiende el carnaval como arte efímero y popular. Porque hay personas que no se van nunca del todo, y ella es una de esas figuras que vistieron al Carnaval de Cádiz para la eternidad.

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