Coplas, poder y silencio: cuando el Carnaval habla más allá del ruido

Coplas, poder y silencio: cuando el Carnaval habla más allá del ruido

🎭 La polémica regresa cada febrero, pero la esencia sigue intacta

Cada vez que el calendario marca febrero, el debate reaparece con puntualidad casi litúrgica. Se discute si el Carnaval debe opinar, señalar o incomodar. Como si esa pregunta no estuviera ya respondida desde hace más de un siglo. El concurso avanza, las coplas suenan… y la conversación vuelve al mismo punto.

El COAC no es ajeno a esa discusión. Algunas letras miran al Gobierno central, otras apuntan a la administración autonómica. Cambian los nombres propios, cambian los colores políticos, pero la copla sigue haciendo lo que siempre ha hecho: hablarle al poder.

🟡 El foco no está en la crítica, sino en el eco

Quizás el problema no sea que se critique, sino cómo se amplifica esa crítica. Hoy el teatro ya no es el final del camino. Cada pasodoble salta a las redes, se descontextualiza y se convierte en etiqueta ideológica. El aplauso se interpreta, el silencio se juzga y la ironía se transforma en consigna.

En ese terreno, el matiz desaparece. La poesía se reduce a titular rápido y la intención se aplasta bajo el peso de la trinchera digital. Lo que nació para provocar reflexión acaba convertido en munición.

🟢 El Carnaval como espejo incómodo

La fiesta siempre ha sido incómoda. Señalar al que manda —sea quien sea— forma parte de su ADN. El Carnaval no pide permiso ni carné. Cuando una letra emociona, da igual hacia dónde dispare. Y cuando busca solo el aplauso fácil, también se nota. El público lo percibe sin necesidad de debates paralelos.

Reducir el concurso a una guerra ideológica empobrece lo que sucede realmente en el escenario: la música, la autoría, el riesgo, ese silencio denso que precede al aplauso sincero. Ahí es donde ocurre lo importante.

🔵 La mirada del que escucha

La verdadera politización no siempre está en la copla, sino en quien la escucha buscando confirmación de sus propias ideas. Cuando el oyente se pregunta a quién vota una comparsa antes de preguntarse qué le ha hecho sentir, algo se ha roto en el camino.

El Carnaval no pertenece a ningún partido ni a ningún bloque. Pertenece a la gente que se reconoce en una letra, aunque no esté de acuerdo con ella. A quien se emociona, se enfada o se ríe, pero escucha.

🎶 Lo esencial sigue ahí

Más allá del ruido, de las etiquetas y de las polémicas cíclicas, el Carnaval sigue cumpliendo su función: decir lo que incomoda con arte. Mientras eso ocurra, mientras una copla consiga erizar la piel de un teatro en silencio, todo lo demás será secundario.

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