De Triana y Nervión a La Viña y el Pópulo: las chirigotas callejeras de Sevilla conquistan Cádiz
Hay agrupaciones que no pisan un teatro, que no se someten a reglamentos ni buscan el eco mediático del Gran Teatro Falla. Nacen en un garaje o en un bar de barrio, ensayan durante meses y viven intensamente apenas una semana: la del Carnaval en la calle. Son las chirigotas ilegales, y cada vez más tienen acento sevillano.
Desde barrios como Triana o Nervión hasta enclaves gaditanos como La Viña y el Pópulo, este modo libre de hacer Carnaval está creciendo con fuerza en Sevilla y encontrando en Cádiz su escenario natural.
🌆 Sevilla, cada vez más callejera
El fenómeno no es nuevo en Cádiz, pero sí en expansión en la capital andaluza. Desde la pandemia, el número de agrupaciones ilegales sevillanas ha aumentado de forma notable.
Anabel Martínez, directora de la chirigota femenina Chirimix, lo explica con claridad: comenzaron en 2012 movidas por la afición y la necesidad de un espacio propio para expresarse sin la presión del concurso. Ensayan en un bar cercano a Luis Montoto y cada Carnaval cruzan a Cádiz para cantar en la calle.
Para muchas componentes, la calle ofrece además un entorno más cómodo e igualitario. “Como mujeres, nos sentimos más libres ahí”, señalan, subrayando que el ámbito competitivo suele estar más masculinizado.
El crecimiento también se percibe en la organización de encuentros como la Trianá Carnalesca, que refuerzan el hermanamiento entre agrupaciones y consolidan una pequeña escena paralela al circuito oficial.
🎶 “Somos de la calle al 100%”
Rafa Flores lo tiene claro: su chirigota nace para Cádiz. Cada año, el grupo se organiza para pasar toda la semana de Carnaval cantando en las esquinas gaditanas “hasta que nos echen”. El que entra nuevo, dicen, ya sabe que debe reservar vacaciones.
En 2026 presentan Aquí abajo se está del carajo, ensayando en el Polígono de San Pablo y viajando después a La Viña o el centro histórico gaditano para desplegar repertorio.
Para Flores, el auge responde a que cada vez más aficionados entienden que el Carnaval no termina en el concurso del Falla. La calle ofrece cercanía, improvisación y contacto directo con el público.
🏆 Del COAC a la esquina
Algunas agrupaciones han dado incluso el salto inverso: del teatro a la calle. Es el caso de los Daddy Cadi, segundo premio en el COAC 2019, que decidieron explorar el formato ilegal para reducir presión y recuperar el disfrute.
Sergio Caro, conocido como El Niño del Ukelele, defiende que el esfuerzo creativo de una callejera no es menor que el de una agrupación de concurso. En 2026 presentan Inmobiliaria: El Musical, ensayando entre Triana y Bormujos.
La diferencia fundamental no está en la calidad, sino en el contexto: cantar en una esquina permite repetir un cuplé una hora después y volver a arrancar carcajadas como si fuera la primera vez.
🔥 La calidad como argumento
Uno de los prejuicios más repetidos es que las ilegales dedican menos tiempo a las letras o priorizan el ambiente festivo sobre el repertorio. Sus autores lo niegan rotundamente.
La calle exige rapidez mental, capacidad de adaptación y contacto directo con el público. No hay telón que proteja ni focos que distraigan. Solo cartelón, guitarra —si la hay— y letras bien medidas.
🌊 Una tradición que se expande
Lo que comenzó como una práctica profundamente gaditana hoy encuentra eco en Sevilla. Cada vez más aficionados hispalenses dejan todo durante una semana para cantar en Cádiz, reforzando un intercambio cultural que enriquece a ambas ciudades.
Porque, más allá de premios y clasificaciones, el Carnaval también es esto: reunirse con amigos, escribir coplas, provocar risas y compartir esquina.
Y en ese terreno libre, sin reglamentos ni jurados, las chirigotas callejeras sevillanas ya se han ganado su hueco entre La Viña y el Pópulo.
