“Canta, Cádiz, canta y muerde”: el Carnaval se despide entre coplas reinventadas y fuego purificador
El Carnaval de Cádiz bajó el telón con una estampa distinta a la habitual: bases electrónicas mezcladas con coplas eternas, llamaradas iluminando el cielo y miles de personas apurando los últimos compases del domingo de piñata.
El entorno de las Puertas de Tierra se transformó en una pista al aire libre donde tradición y modernidad caminaron de la mano antes del ritual más simbólico de la fiesta: la quema de la Bruja Piti.
🔥 Un cierre con sabor a espectáculo
Durante más de una hora, el recinto monumental se convirtió en un escenario de gran formato. Luces, efectos pirotécnicos y sonido envolvente acompañaron una propuesta que apostó por llevar el espíritu carnavalesco a un terreno sonoro diferente.
La DJ gaditana Violeta Arriaza marcó el pulso de la noche junto al grupo menorquín Avalanx, que aportó una fusión poderosa entre metales —saxos, trompetas y trombones—, percusión en directo y capas electrónicas. El resultado: una atmósfera festiva, vibrante y, para muchos, inesperada.
Entre lanzamiento de papelillos biodegradables y vítores del público, sonaron versiones remezcladas de coplas emblemáticas. Incluso piezas icónicas del repertorio contemporáneo, como el célebre ‘Credo’ de Juan Carlos Aragón, encontraron una nueva vida sobre bases electrónicas. Una combinación que despertó aplausos… y también debate.
🎶 Domingo de piñata: tradición y nuevas fórmulas
El espectáculo nocturno puso el broche a una jornada que mantuvo la esencia clásica del domingo de piñata: coros recorriendo las calles, tablaos improvisados, degustaciones populares y actividades familiares que llenaron plazas y avenidas.
El ambiente, favorecido por el buen tiempo, volvió a demostrar que el Carnaval se vive más allá de los escenarios oficiales. Calles repletas, disfraces tardíos y agrupaciones cantando sin guion prolongaron la fiesta hasta el último minuto.
🧙♀️ La Bruja Piti arde… y el Carnaval renace
El momento culminante llegó con la tradicional quema de la Bruja Piti, símbolo del final oficial de las carnestolendas. Las llamas consumieron la figura entre aplausos y móviles en alto, mientras el humo ascendía como despedida ritual.
Antes del encendido, tomó la palabra el pregonero, Manu Sánchez, quien regresó al escenario para cerrar el círculo que él mismo abrió días atrás. Con tono festivo y encendido, lanzó un mensaje que sonó a declaración de intenciones: vivir sin reservas, cantar sin miedo y abrazar la libertad como bandera permanente.
“¡Canta, Cádiz, canta y muerde!”, proclamó ante un público entregado, dando por inaugurada simbólicamente la próxima edición incluso antes de que se apagaran las brasas.
🌊 Epílogo con sabor a playa
Aunque el adiós formal ya es una realidad, la ciudad todavía se guarda una última bala festiva con el carnaval chiquito. Cádiz sabe alargar sus despedidas.
Porque aquí, cuando el fuego se apaga, la copla sigue latiendo. Y cuando parece que todo termina, en realidad, todo vuelve a empezar.
