Cuando el calendario parece dictar el final del camino y el Domingo de Piñata se desvanece en el recuerdo, la ciudad se resiste a guardar su esencia en el baúl. Existe una jornada marcada en el calendario de los devotos de la copla que, lejos de la bulla desmedida, se convierte en un rito íntimo y pausado: el encuentro con los «jartibles».
Es el momento de aquellos que no entienden de despedidas y que buscan, en el rincón más inesperado, ese verso que quedó pendiente o esa cuarteta que el gentío no permitió saborear. Las calles del centro histórico se transforman en una prolongación del sentimiento, donde la música se ofrece de tú a tú, sin los artificios de los grandes escenarios.
🎭 El refugio de las agrupaciones de calle
En esta jornada de resistencia cultural, el protagonismo recae en las formaciones que encuentran en la piedra ostionera su mejor acústica. Lejos de las aglomeraciones que marcan la semana oficial, el público —formado mayoritariamente por la gente de la tierra— disfruta de una escucha selecta y tranquila.
Las esquinas de San Agustín, el recogimiento de la Candelaria, el eco del barrio medieval de El Pópulo o la solera de la Plaza de las Flores se convierten en estaciones de penitencia para el aficionado. Es allí donde el ingenio se manifiesta en su estado más puro, permitiendo que la gracia y el doble sentido fluyan sin las prisas que impone el reloj en los días grandes.
💜 Un escenario con voz propia: el Carnaval de las Mujeres
Dentro de este itinerario de coplas infinitas, la Plaza de las Flores y su entorno, especialmente la Plaza de la Libertad, se erigen como el epicentro de una reivindicación necesaria. El certamen femenino, que ya es un pilar fundamental de este día, ofrecerá una muestra ininterrumpida de talento desde el mediodía hasta que caiga la tarde.
Un total de quince agrupaciones demostrarán que la mujer no solo es parte de la fiesta, sino que la lidera con una fuerza arrolladora. Títulos como «Ópera, prima», «Las Wendy Plane» o «Mujeres de oro» resuenan ya en el imaginario del aficionado, prometiendo una jornada donde la crítica social y la maestría interpretativa irán de la mano, cerrando así un ciclo que muchos desearían que fuera eterno.
🕊️ La última oportunidad del aficionado
Para quienes se acerquen a estos enclaves, la experiencia dista mucho del bullicio tradicional. Es la oportunidad de vivir un carnaval de cercanía, donde es posible compartir una charla con el autor o reír con el componente a escasos centímetros.
Este «Carnaval Chiquito» es, en definitiva, el regalo que la ciudad se hace a sí misma. Una despedida dulce que, entre tanguillos y pasodobles, nos recuerda que mientras haya una garganta dispuesta a cantar en una esquina, la verdadera esencia de nuestra tierra seguirá latiendo con fuerza.

