Apenas se han apagado los ecos del Carnaval Chiquito y la maquinaria de la fiesta ya mira con vértigo al próximo invierno. El Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC) de 2027 se perfila como uno de los más «tempraneros» que se recuerdan, con una Gran Final fijada para el 5 de febrero. Esta premura cronológica ha desatado un intenso debate en el seno del Patronato y el Ayuntamiento: ¿cómo encajar la magnitud del certamen en un margen de maniobra tan estrecho?
La gran incógnita que planea sobre las tablas del coliseo gaditano es si se mantendrá el modelo tradicional de cuatro fases o si, por el contrario, se optará por la poda de una etapa intermedia, una medida que ya cuenta con defensores y detractores a partes iguales. La cita clave para despejar estas incógnitas será el próximo 9 de abril, cuando la teniente de alcalde de Fiestas, Beatriz Gandullo, convoque a los Consejos de Participación para dibujar el mapa de la próxima edición.
⏳ La encrucijada de las fases: ¿cantidad o calidad?
El principal escollo radica en el volumen de participación. Si las inscripciones mantienen la tendencia al alza de este 2026, especialmente con una cantera que vive una segunda juventud, el calendario se vuelve un rompecabezas de difícil solución. Una de las opciones sobre la mesa es la supresión de una fase, convirtiendo las semifinales en una criba más amplia de unos 40 o 45 grupos, emulando el formato excepcional de la post-pandemia.
Sin embargo, esta posibilidad no termina de convencer a los autores de renombre. En los mentideros carnavalescos ya se desliza el temor a que un concurso de solo tres pases desincentive la inversión y el esfuerzo de los grupos punteros, que podrían optar por un año de descanso. Como alternativa, se baraja compactar la fase clasificatoria aumentando el número de agrupaciones por función a ocho o nueve, lo que permitiría salvar las cuatro fases tradicionales pero obligaría a sesiones maratonianas que pondrían a prueba la resistencia del aficionado.
⛈️ Lecciones de un año de «fuerza mayor»
La experiencia de este 2026, marcada por la tragedia de Adamuz y los envites de la borrasca Leonardo, ha dejado una lección clara: el reglamento no puede vivir de espaldas a la realidad. La improvisación ante suspensiones por luto o por riesgos meteorológicos ha evidenciado la necesidad de incluir mecanismos de respuesta inmediata en las propias bases del concurso.
El debate sobre la fecha fija para el Carnaval, aunque planea como una solución estructural a largo plazo, parece que volverá a quedar fuera del orden del día oficial. No obstante, voces autorizadas reclaman que el calendario de 2027 cuente con «días de colchón» para evitar el caos organizativo vivido este año. La seguridad de los participantes y de los aficionados que se desplazan al Falla debe ser, según los colectivos, la prioridad absoluta frente a la tiranía del almanaque.
🕊️ La cantera, el tesoro a proteger
En medio de este encaje de bolillos, la preocupación por los más pequeños es máxima. El crecimiento exponencial de las categorías infantil y juvenil obliga a buscar horarios que no interfieran con sus obligaciones escolares, lo que complica aún más el uso del teatro durante las tardes de enero.
La propuesta de permitir a los adultos interpretar una tercera pieza inédita en una fase intermedia de tres actos es una de las «cartas» que se guardan los colectivos para hacer más atractivo el modelo reducido. El 9 de abril se antoja, por tanto, como una fecha de «pasión» administrativa donde Cádiz deberá decidir si prefiere un concurso extenso y exhaustivo o uno breve pero intenso, siempre bajo la sombra de un calendario que no concede tregua.

